16.2.08

Seis meses ¿es mucho o poco tiempo?

(minucias de la vida cotidiana, sin olvidar que todo siempre puede ser peor)

Como siempre el punto de vista puede transformar un minuto en un siglo o seis meses en años. Entre fines de septiembre y comienzos de octubre, mis vecinos (aún no mudados) comenzaron a remodelar su piso. Primera etapa: tiraron abajo las paredes interiores, destruyeron totalmente los baños y la cocina. Durante un mes sufrí los golpes de piqueta, el taladro rompiendo las paredes, quitando los caños, se taparon dos baños en mi casa (tal vez, porque taparon los caños cloacales con escombros puesto que no los protegieron como debían), me dejaron un mes sin el timbre y el micrófono del portero eléctrico, rompieron el caño de desagüe de la cocina, desapareció un inodoro que estaba en la terraza para reemplazar uno en nuestro baño, una bomba de agua, desconectaron el flotante en el tanque, colocaron el caño nuevo de abajo por un lugar que no debía, se enojaron: el vecino de la planta baja, el vecino del duplex, la vecina de la casa de al lado (ruidos, humedad, mugre…). La escalera de uso común se convirtió en una pesadilla; me sentí recibiendo castigo como Sísifo. Durante seis meses, día por medio, arrojé litros de agua, barrí con escoba, pase secador de piso y sequé con un trapo como para mantenerla más o menos limpia (no me daban las fuerzas para todos los días) y siempre está sucia. La puerta de entrada: abierta, mal cerrada y la llave la tiene un representante de cada gremio que viene a trabajar. Un día entró alguien un poco tarde, me encontraba limpiando la escalera pues los del gremio de colocación de paneles estaba hasta las 22 horas, lo miré con sorpresa y me comunicó que era el sereno. Ni los dueños, ni el arquitecto tuvieron la delicadeza de avisarnos. Los llamamos un poco para tirarles de las orejas y hacerles saber que si hubiéramos escuchado ruidos sin saber quién era, habríamos llamado a la policía.

El contratista del arquitecto un día me dijo algo así como de que debía soportar la mugre de la escalera por una cuestión de convivencia, porque ya se sabe como es estar en obra, pero los muchachos se están pasando de la raya. Cierto día ingresaron por la obra del fondo. Cuando advertí sobre el peligro de la ventana del fondo sin vidrios ni persiana, a mis vecinos, no se les ocurrió mejor idea que hacer poner una reja en el balcón, reja que es una magnifica escalera para el balcón del fondo de mi departamento.

En medio de los ruidos, de la arena que no tiene la ventaja de ser de playa donde uno quisiera veranear, de estar nuevamente sin timbre, ayer junté bronca y cuando escuché al “arquitecto” bajé con mi mejor tonito pedante de viejita protestona y pregunté ¿Hay algún responsable de la obra aquí? Y sí, lo había, el arquitecto sabía que yo sabía que era él y no le quedó más remedio que atenderme; le dije que estaba cansada de limpiar día por medio la escalera (1), que le había pedido al maestro mayor de obra que se ocupara, que nuevamente nos habían dejado sin portero eléctrico, que él había mencionado lo de la convivencia; “un mes está bien, pero llevamos seis meses de lo mismo y todavía faltan unos dos meses más”. Que no sabía si se habían dado cuenta pero cuando subieron la arena, de alguna bolsa cayó lo suficiente como para que me patinara. Acto seguido el arquitecto hizo la prueba con su zapatilla y la arena se deslizó de un escalón a otro. Ahí terminó la conversación, me fui dando las gracias. Espero que algún día, cuando me mude (dios, los santos, la madre tierra y el gauchito Gil – no me tengo que olvidar de la Difunta Correa lo quieran Ejem!) a los nuevo dueños de este departamento se les ocurra hacer lo mismo, que los tenga durante seis meses con ruidos, ruiditos, ruidotes, con arena, polvo de la construcción y otras minucias a los vecinos de abajo. Entonces, tal vez, sientan un poquito de lo que sintieron sus vecinos (y no sólo nosotros, los de los dos edificios de al lado nos preguntan ¿qué están haciendo ahora? Y respondemos que no sabemos, que nosotros no somos los del ruido.)

Tal vez un día salgamos a pasear y se acerque un gato o se abra una puerta y se dispare la alarma y no los deje dormir y les tengamos que aclarar que tuvimos que poner la alarma porque no me gustan las rejas en mi balcón y tengo miedito.

Era lindo cuando dejaba abierta las persianas del balcón del fondo, la puerta de la cocina, la puerta de la escalera durante el día o la noche. Era lindo… tanto que mi vecina anterior me parece una pinturita.

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(1) Cuarenta escalones y tres descansos hasta el segundo piso, veinte escalones más hasta la terraza que me los conozco de memoria. Creo que no limpié la escalera tantas veces en 16 años como en estos seis meses.

Supongo que esto es una necedad frente a la gente que come galletas de tierra en Haiti, al relato de Luz (que leí hoy en el diario) con solo diez años sufrió vejaciones de todo tipo; ella es sólo una entre las miles de pequeñas que son llevadas de aquí para allá de igual forma (prostituidas, golpeadas, mal alimentadas y -como si fuera poco- cuando llegan a mayores etiquetadas como culpables... ) Sí, como dije al comienzo del post el punto de vista puede hacernos perder las perspectivas.

4 Comments:

Blogger TOTA said...

Una frase que puede se acorde a lo último escrito "siempre puede haber alguien peor". Los vecinos que teniamos eran buenos, como toda familia, pero las construcciones o renovaciones son la pesadilla de todos. Desde acá, porotit@ te manda saluditos como en la eco

17 febrero, 2008 13:34  
Blogger Amalia Carioli said...

Son las 23 horas y hay ruidos en el piso de abajo, están trabajando los albañiles. Hoy es domingo... Ejem!

17 febrero, 2008 23:03  
Blogger Loca xq (el mundo me hizo a)sí said...

carta documento, mamá... carta documento...

18 febrero, 2008 23:47  
Blogger TOTA said...

che, para!! EL domingo? Esta prohibido. Habla con Monica (mi suegra) para que te asesore. Son unos irrespetuosos (no pienso poner palabras que se consideran malas)

20 febrero, 2008 08:01  

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