18.7.07

"...la mente insegura de los mortales"

En efecto, la vejez es un estado de reposo y de libertad de los sentidos. Tan pronto como las pasiones se relajan y dejan de hacernos sentir su aguijón (…) queda uno libre de múltiples y furiosos tiranos. Con respectos a [las] quejas de los viejos y a sus pesares domésticos, no es en la vejez, sino en el carácter de los hombres donde debemos buscar la causa. Con costumbres apacibles y tranquilas encuentra uno llevadera la vejez. Con un carácter opuesto, la vejez y la juventud son igualmente difíciles.”

Diálogo entre Céfalo y Sócrates

Cap. I República – Platón

He conocido ancianos atormentados, de mal carácter, huraños e intratables; otros, apacibles, miran el tiempo por venir con la satisfacción de un pasado que no le presenta cuentas impagas.

Cuando era joven miraba el rostro de mujeres más o menos de mi edad (hoy), el pelo blanco, la mirada transparente, la sonrisa disponible, la palabra tranquilizadora, el andar suave. Así, quería y quiero ser.

La “vejez” la demoran, las expectativas de vida se alargan. La sociedad se adolescentiza, la filosofía del tiempo se olvida del pasado y el futuro, todo parece plantarse en un eterno presente. Así se excluyen y descuidan a los niños y a los ancianos “del buen vivir”. Niño “¡a la guardería!” Viejo “¡al geriátrico!

Lucir las canas ya no está bien, hay que simular que no se tienen casi sesenta. ¿Por qué te adelantás? Te faltan dos años para cumplir 60”. Decir “me siento como si fuera de …” y nos caemos a pedazos después de cuidar unas horas al nieto. Sentir que trasnochar ya no es para nosotros, que los kilos se enroscan en nuestra cintura, que no sé porqué diablos hay zapatos que nos hacen doler hasta el alma, que cierta ropa –por más que nos esmeremos- solo dicen de nosotras que debemos pensar en otro vestuario, que lo único que no se nos cae son las encías, que el piso queda muy lejos cuando algo se nos cae, que cuando jugamos con un niño necesitamos un guinche para que nos levante, que las computadoras son cada vez más complicadas, que cualquier aparato con botones nos paraliza (aunque nuestro nieto de año y medio a través de ensayo y error manipula todos los botones).

La intolerancia, el mal carácter, el “nada me viene bien” no es exclusividad de los ancianos. Hay jóvenes caracúlicos por todos lados fingiendo disfrutar y queman sus naves en disimulados suicidios en cómodas cuotas.

Así con mi pelo blanco escucho:

“- Profe, a mí me gustaba más como estaba el año pasado. Con el pelo negro y atado.”

- Bueno, este es mi pelo. Así soy yo.

Para mis adentro pienso en que fuera de ese enunciado el jovenzuelo es insoportable y tengo que tolerar sus insolencias, su vocabulario y prepotencia. Tal vez debiera decirle, que si le molesta mi vejez, que la soporte como yo soporto sus modales. Si él no soporta ver viejos porque le anticipan el futuro, no lo lamento. Necesito verme con la edad que tengo para cuidarme, para trabajar solo el tiempo que mi cuerpo puede, para no excederme y luego sentir las marcas en mi cuerpo, para comer lo necesario y sano, para disfrutar el tiempo que me queda en el camino que, tal vez, está escrito o que yo libremente escribo junto a mis afectos.

5 Comments:

Blogger Loca xq (el mundo me hizo a)sí said...

yo le diría a tu alumno que vos estás ahí para enseñarle, no para gustarle

y que no se meta con mi mamá!

18 julio, 2007 11:06  
Blogger Amalia Carioli said...

Cada vez se da menos clase y discuten más, no importa si se trata de la apariencia, del ser o de la nota. Reafirmarse en la palabra es la simple cuestión, no importa si hay alguna verdad en juego, el sofisma es elevado a la enésima. Ya no sé de qué lado estoy, tal vez cada día me interesa menos. Mi amor por enseñar a veces tiene una lucecita, cuando uno de los “peores” alumnos de un curso se acerca y me dice “lo que está enseñando me sirve, a mí, para mi vida”. Y la nota de “confianza en que va a mejorar” se transforma en un hermoso siete sacado por mérito. Y le leo la prueba a la preceptora y me dice ¡Qué bien escribió! ¿No merece un ocho?
– No, ya le regalé un punto en el promedio del trimestre pasado

18 julio, 2007 13:59  
Blogger Sir William 2 said...

Usted luce como lo que es.
Una señora. Nada de hablar de vejez ni de casi tantos años de edad. La palabra señora encaja en muy pocas mujeres. Y usted es una de ellas. (Tome esto como un piropo afectuoso y verdadero, por favor)

18 julio, 2007 17:08  
Blogger Amalia Carioli said...

Gracias por el piropo, Sir. Pero no me molesta la cantidad de años y el ser una "anciana" o "geronte", cuanto antes lo asuma creo que va a ser mejor, así me cuido. Cada vez que me olvidé de ello las consecuencias no fueron buenas. Tengo la estúpida manía de creer que soy una especie de robot que puedo hacer más de lo que mi cuerpo soporta. Fui capaz de estar ocupada unas 20 horas por día durante semanas (entre mi casa, mis hijas, doble turno en un colegio y hacer una carrera) Ahora me puse un límite no más de 12. Comer sanito y hacer algo de gimnasia.

18 julio, 2007 21:27  
Blogger Sir William 2 said...

¡Feliz día, Profe!

(Y gracias por haber venido el sabado a la Peca, a pesar de su cansancio...)

20 julio, 2007 10:39  

Publicar un comentario

<< Home