25.4.06

Feria del libro

Feria del libro
Viernes por la tarde.
Después de varias horas de dar clase sobre administración, marketing y ayudar al hijo de unos amigos con Sociedad y Estado para el CBC, decidí: A LA OFICINA NO VOY. Llamé y del otro lado, sabiendo de mis estados de ánimo, mis duelos y otras pequeñeces y sin que yo dijera nada especial respondieron “no vengas, anda a pasear, ¿por qué no vas a la feria del libro? Te regalo la entrada”.
Fui a la feria del libro, en el horario en que estuve; no pesqué nada interesante para escuchar o ver, salvo los libros. Tantos libros me producen vértigo. Me pierdo en las calles y el color de los sectores. Menos mal que había poca gente en ese momento, sino me habría pasado lo de siempre, ganas de irme rapidito. No llevé más que $ 30,- y dejé mi recibo de sueldo bien guardado, para que no me tentaran con los descuentos. Pero como dice la rectora del colegio (donde trabajo) “No te comprás zapatos, pero sí libros”. Es mi vicio. Trato de pasar lejos de las librerías, no sólo compro para mí, me encanta regalarlos. En una de las librerías me dieron la tarjeta de fidelización, así que cada tanto puedo sacar un libro por puntos acumulados (soy una víctima consciente del marketing).
En la feria me siento mal, hay tantos libros… me entra la fiebre compradora, abro los libros, los ojeo, los analizo, saco algún dato importante… y finalmente lo compro, lo peor es que la mayor parte de las veces los presto y cuando los necesito no los encuentro.
Las vendedoras, si son experimentadas saben reconocer a una compradora compulsiva y comienzan con un “¿Sos docente?” O directamente dicen: “los docentes tienen un 30 o un 40 % de descuento”. Como sé que la seducción vendedora llega por ese lado respondo: “No traje comprobante de mi trabajo” y, mientras sigo mirando en los estantes o me siento para leer algo, no se quedan calladas, siguen: ¿En qué colegio estás? Y mientras leo respuesta que va, pregunta que viene, me ofrecen el descuento. ¿Entonces? Confieso: En realidad para evitar gastar no traje dinero. Y con la psicología vendedora más simple me explican: “Si tenés tarjeta de débito, el descuento te lo hacemos lo mismo”. Me rindo y cargo con el libro.
Bueno, compré dos libritos para una sobrina nieta, tres libros de textos sobre comunicación, tipología del discurso y literatura y un libro sobre las mujeres de 60 que me levantó el ánimo. Creo que fue bastante poco. Cansada de caminar, a la espera de un espectáculo, me senté a tomar un té y no podía parar de reírme (las camareras me miraban un poco sorprendidas, habrán pensado “¿Qué bicho le pico?” “Está loca ¡pobre mujer!”) ¿Cómo explicarles que es mejor reírse de sí misma y no dejarles el privilegio a que otros se rían de uno?
La autora (psicóloga especialista en la problemática femenina, la autoestima y otras yerbas), al mejor estilo de Maitena, esbozó, con palabras y algunos dibujitos, las desventuras de las ¿sexigenarias o sexagenarias? Una serie de desopilantes anécdotas, en las que me vi reflejada de antemano (me faltan unos cuatro años para cumplir los 60) me hicieron pensar y repensar en que mi madre, a mi edad, tenía catorce nietos y yo apenas espero el primero. Y ya no tengo la vitalidad y la paciencia que desearía, tampoco pinto para la mal crianza. Es por eso que: por lo menos le voy a regalar unos buenos libros de cuento que le voy a leer antes de que se duerma (quizás antes que él me duerma yo, los niños tienen esa vitalidad increíble por la que no paran en el día y a la noche no se terminan de cansar). Quizás, para ese entonces, mi sobrina Carola haya publicado el cuento que le contaba mi madre, su abuela, sobre la coneja Tiburcia y yo pueda leérselo a mi nieto, para unir cuatro generaciones, digo.

7 Comments:

Blogger El Marpla said...

En Cataluña existe la fiesta de San Jordi, donde mas o menos por esta fecha (creo que fue el sabado) todo el mundo compra libros y rosas, entonces se intercambian un libro por una rosa. Es una festividad increible, todo el mundo repartiendose libros y rosas a montones. Dicen que en ese dia se vende buena parte del total de libros anuales. Me parece que si vivieses ahi, no te dura el sueldo ni 5 minutos :D

25 abril, 2006 22:06  
Blogger liter-a-tres 3 said...

¡No puedo evitar la emoción al leer el comentario anterior! Soy catalana y escribo desde Barcelona.

Corroboro el comentario de marplanauta. Sant Jordi es el Día del Libro y la Rosa. Según la tradición, el chico regala una flor, siempre una rosa, y la chica le corresponde con un libro. Las novedades editoriales se multiplican, los escritores acuden en masa a firmar sus ejemplares y las ventas, efectivamente se disparan.
Comprar libros puede ser una odisea. Nadie se pierde la fiesta que en coincide con nuestra primavera. Todo en convivencia pacífica tal y como corresponde al pueblo catalán.

Os manda un beso y un abrazo una enamorada de vuestro pais. Celebré la entrada del año en Baires, en casa de unos amigos, rodeada de porteños. Una gozada.

Chau

26 abril, 2006 00:05  
Blogger Amalia Carioli said...

Gracias por el comentario!!!!!!!! Me han desasnado sobre una de las tantas festividades que no conozco. Creo que sí, me quedaría sin dinero.

26 abril, 2006 00:17  
Blogger Loca xq (el mundo me hizo a)sí said...

más que sin plata, tenías que haber ido sin billetera!!!! yo sabía que si tenías la tarjeta de débito encima la ibas a usar...

ah, la feria del libro para vos es como... como un negocio de películas en dvd o de conservas artesanales para mí! yo tampoco gasto en zapatos!

y sobre la fiesta de San Jordi: qué machista! los tipos regalan rosas y las minas, libros! qué injusto! yo quiero libros!

26 abril, 2006 13:17  
Blogger Sir William II said...

Los libros tienen un olor particular: no es a papel, simplemente. Hay alguna cosa terminada en "ona" o en "ina" que nos atrae, nos seduce, nos lleva a agarrarlo, a hojearlo, a acariciar la tapa, a darlo vuelta, a... comprarlo. La plata que se gasta en libros o en viajes, no se gasta: se invierte.

26 abril, 2006 19:59  
Blogger Amalia Carioli said...

Hola Sir:

soy medio bestia para los libros. Víctor se enojaba mucho porque yo los escribo, los subrayo, los doblo... un desastre.

Por lo general, los ojeo más que hojearlos, si llego al contacto físico pierdo, por eso trato de no acariciarlos. Una cuestión de tacto ¿vio?

Muchas veces, tratando de ir en contra de mi vicio, no compro un libro porque me digo que no voy tener tiempo de leerlo. Después, cuando me doy cuenta de que me vendría bien para tal o cual cosa, me doy de patadas porque no lo encuentro para comprarlo.

Cariños

27 abril, 2006 15:17  
Blogger MIB said...

Uyy los libros.. los viajes, son inversiones irresistibles para mí.. Amalia, las librerías de acá son tan inmensas, tan baratas, y tan completas que te querés matar... yo las tengo prohibidas!! Además, al ser nómade, el tema de las mudanzas con cajas de libros es un suplicio! .. Me encanta dar vueltas por las librerías... saber toooodo lo que me gustaría leer.. y calcular tooodo el tiempo que me llevaría y del que no dispongo actualmente... Pero para mí entrar en una librería es algo de lo más placentero... me pierdo horas y horas...

Un beso!
ah! y coincido con que los catalanes hombres son unos vivos bárbaros!

28 abril, 2006 11:25  

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